Seguramente sería totalmente hedonista, me la pasaría comiendo uvas y solicitando a mi séquito que me trajera las mejores viandas, los mejores vinos, las mejores y más dulces frutas, los quesos más frescos y los frutos secos más delicados.
Me vestiría con largas túnicas de seda un día o y el otro día del lino más finolis y usaría unas hermosas sandalias tejidas con delicados hilos de oro.
Tendría una cabellera larga y reluciente, hoy negra, mañana rubia y luego pelirroja, usaría delicados tocados engarzados de joyas y pequeños aretitos de perla.
Sería muy caprichosa y haría sufrir a los mortales, elegiría hombres que me gustaran, los subiría al Olimpo me divertiría con ellos y luego los calcinaría con el fuego que saldría de mi delicado dedo anular mientras mis míticas carcajadas harían llover en la tierra grandes aguaceros.
Sería protagonista de alguna historia dramática de amor con algún Dios del Olimpo pero lo dramático del caso es que él sufriría por mí, atacaría todo lo atacable por mí pero nunca lograría tenerme para su solaz porque yo, oh, diosa del Olimpo, jugaría con su amor toda la eternidad.
Y claro está, sería voluble y displiscente, hoy todos me amarían, mañana me temerían.
Pero bueh, Dios es tan sabio ( o debo decir Zeus?) que no le da alas a los alacranes.
Snif.
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Thursday, June 28, 2007
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