Cuando llegamos a Mazatlán un viernes por la noche, llegamos directo a la playa para que él pudiera correr en la arena un rato y por fin constatara que lo que le dijimos en el camino era cierto: luego de pasar tanto tiempo en la sierra es díficil creer que en algún momento puedas llegar al mar.
El mar me da miedo. Y sin embargo me gusta. Vimos las olas romper en la playa y la arena pegajosa se impregnó en nuestra ropa de inmediato, caminamos por la orilla un rato y por fin lo convencimos de que al día siguiente volveríamos para que se pudiera meter al mar, y jugara con las olas y recogiera conchitas, lo cual era su mayor ilusión.
Molidos por el largo viaje y ya con unas ganas inmensas de entregarnos a los brazos de Morfeo, no pudimos ignorar a nuestras tripas remolonas que pedían sustento a gritos. Decidimos subir al carro y buscar en el Malecón algún restaurante abierto a esas horas para comer lo que fuera. Solo encontramos una pequeña fonda que ofrecía mariscos en distintas variedades. Su carta consistía en muchos cartelitos hechos de cartulina de colores brillantes (rosas, verdes, amarillos) cortados en piquitos para hacerlos llamativos, los cuales estaban pegados en las paredes.
Lo atendía él. Un señor de 50 años o más. De grandes ojos verdes, de piel colgada, con un short enorme y una playera dos tallas más grande de lo que necesitaba, con huaraches "pata de gallo" y su cabello cortado casi al rape blanco completamente. Estaba atendiendo solo y procuraba hacer todo a la vez, presuroso, eficiente, tranquilo. Todo fué verlo y recordar a Harry. Creo que era la viva estampa. Harry es uno de los dos personajes de La Escalera, libro escrito por Charles Dyer en los 60s o 50s. Y que trata de la relación homofóba entre ambos personajes, los cuales tenían una peluquería. El libro fué censurado en su momento y no sé porque situación ajena a mí, cuando tenía yo como 15 años me lo encontré en mi casa y lo leí.(al poco tiempo desapareció misteriosamente, hace unos 5 años mi mamá me confesó que lo prestó a una amiga que nunca regresaba los libros, claro, con la firme intención de que nunca se lo devolviera, dice que esuno de los peores libros que ha leído. Mi mamá y yo nunca nos ponemos de acuerdo en cuestión de literatura). Depresión. No sé de que otra manera llamar al sentimiento que me produjo. Fue un libro bastante triste para mí y que sin embargo nunca olvidé. Logré reconciliarme con él cuando ví la puesta en escena con Héctor Bonilla como Charly y Demián Alcazar como Harry. Fue entonces que le agarré sabor, volví a leerlo y comprendí más cosas que antes nunca noté. Claro, cuando tienes 15 años tienes otras expectativas que no te permiten aceptar el sufrimiento ajeno por mucho tiempo. Excelentes actuaciones de estos dos grandes actores pero ese eso otro tema. El caso es que este señor me pareció que era la esencia de Harry y comencé a fantasear al imaginar donde estaría Charly en esos momentos, porque no estaba ayudando a Harry en la fonda?
Sus grandes ojos verdes suplicantes, su sonrisa amable, su preocupación y concentración al estar cocinando, atendiendo, sirviendo en las mesas me causaban un poco de congoja, tentada me ví varias veces de levantarme y darle una palmada en la espalda: "todo va a estar bien, ya lo verá". Aunque yo supiera que no, aunque yo supiera que no.
Comimos unas quesadillas de camarón deliciosas, pagamos y nos fuimos. Ya no volvimos.
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Saturday, August 18, 2007
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