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Tuesday, June 05, 2007

Meme Página 123

Ps que dijo Kekox que yo tenía que transcribir la página 123 del libro que estoy leyendo en este momento. Entré en verdadero pánico: cuál de los dos? porque estoy leyendo para Brandon: El Caballero Corazón de Melón de Susana Tamaro y estoy leyendo pa mí por enésima vez La Tía Julia y el Escribidor, de Mario Vargas Llosa. Y ps pa jugar un poco a la democracia, transcribo pequeño párrafo del primero y lo que me alcance en paciencia del segundo.

El Caballero Corazón de Melón, Pág 123

¡jajajajoojoojuajuajua!
Sin interrupción alguna, siguió otro sueño. En la pantalla aparecía una sala: en cuanto la vió, a Michelle le dió un vuelco el corazón. Sería posible? Parecía la sala de su casa y...
Pues sí, un segundo después apareció su mamá. estaba más gorda que en la realidad, tenía las manos sucias de harina y cuando caminaba, las caderas le bailaban como a Mamá Oca. Alguien había llamado a la puerta y ella iba a abrir.
"Quién podrá ser?" se preguntó Michelle.
En cuanto se abrió la puerta, dió un brinco en la bandeja. Era él mismo, él en persona, Michele! Aquello le pareció increíble,pero lo que ocurrió después le resultó más increíble todavía. Su mamá se abalanzaba sobre él y lo besaba y abrazaba como no lo había hecho nunca. Después, sin decir una palabra, con una sonrisa en los labios, lo conducía a la cocina y una vez allí, los dos juntos se comían una tarta recién hecha.
Michele notó que, de la emoción, se le hacía un nudo en la garganta: osea que, que áquellos eran los verdaderos sueños de su mamá. ¡Los que el Orconte le había robado! No eran los régimenes ni ejercicio! ¡Pobre mamá! Por eso estaba siempre tan nerviosa!


La Tía Julia y el Escribidor, pág 123

"...pero más insólito que las palabras del escriba boliviano era el fervor con que las profería, y, quizá aún más , el efecto que causaban. Hablaba gesticulando y empinándose , con la voz fanática del hombre que está en posesión de una verdad urgente y tiene que propagarla, compartirla, imponerla. Lo conseguía totalmente: los cinco actores lo escuchaban alelados, suspensos, abriendo mucho los ojos como para absorber mejor esas sentencias sobre su trabajo ("su misión" decía el libretista-director). Lamenté que la Tía Julia no estuviera allí, porque no me creería cuando le contara que había visto transfigurarse, embellecerse, espiritualizarse, durante una eterna media hora, a ese puñado de exponentes de la más miserable profesión de Lima, bajo la retórica efervescente de Pedro Camacho. El Gran Pablito y yo estábamos sentados en el suelo de un rincón del estudio; frente a nosotros, rodeados de una gran parafernalia extraña, estaba el tránsfuga de Radio Victoria, la novísima adquisición. También había escuchado en actitud mística la arenga del artista; apenas comenzó la grabación del capítulo, él se convirtió para mí en el centro del espectáculo.
Era un hombrecito fortachón y cobrizo, de pelos tiezos, vestido casi como un mendigo: un overol raído, una camisa con parches, unos zapatones sin pasador. (Más tarde supe que se lo conocía por el misterioso apodo de Batán). Sus instrumentos de trabajo eran: un tablón, una puerta, un lavador lleno de agua, un silbato, un pliego de papel platino, un ventilador y otras cosas de esa misma apariencia doméstica. Batán constituía el mismo un espectáculo de ventriloquía, de acrobacia, de multiplicación de la personalidad, de imaginación física. Apenas el Director_Actor hacía la señal indicada -una vibración magisterial del índice en el aire cargado de diálogos, ayes y suspiros- Batán, caminando sobre el tablón a un ritmo sabiamente decreciente hacía que los pasos de los personajes se alejaran o se acercaran, y a otra señal, orientando el ventilador a distintas velocidades sobre el platino hacía brotar el rumor de la lluvia o el rugido del viento...

Ok, misión cumplida. Solo falta cumplir el de Clon.
Pero ya mañana, no?