De niña siempre me llamó la atención el nombre de mi bisabuela, mamá de mi abuelo paterno. Se llamaba Ludivina Garza. Lo que siempre supe de ella es que era una mujer muy guapa y con un carácter recio que no se dejaba intimidar por nadie. Su padre era un rico hacendado que perdió la mayor parte de su riqueza con la Revolución Mexicana. Pero cuentan que Ludivina nunca perdió el porte ni la aristocracia. Una frase célebre de ella era: Aunque dueña de bodegas de vino, jamás probé una gota. Dos hermanos, uno general y el otro brigadier la pretendieron al mismo tiempo sin darse cuenta que estaban cortejando a la misma mujer y en una escena muy telenovelesca se dieron cuenta cuando se encontraron en el mismo balcón dando serenta a la misma mujer que no era otra que Doña Ludivina. Ella decidió casarse con Don Triunfo González dejando de lado al General Pablo González (quien ocupa un lugar en la historia de México con un pasaje lleno de valentía que luego contaré, no confundir con Gral. Pablo González el líder de la banda del Carro Gris). A la pregunta que le hiciera mi mamá siendo una niña, de porqué prefirió casarse con Don Triunfo si Pablo González era mucho más guapo, ella contestó que fue su mejor decisión porque se hubiera quedado viuda muy joven.
Aparte de saber que era una belleza, que su carácter era el de una diva, que aunque estuviera lavando ropa ó trapeando siempre usaba medias y tacones, siempre impecable, que cocinaba platillos míticos por su exquisitez y que era tan altiva que muchos le temían, que su casa era una "tacita de plata" por lo limpio,yo no conocía tanto de ella como hoy que fui a visitar a mi abuela, mamá de mi mamá y por tanto nuera de Ludivina, quien me contó detalles reveladores de esta mujer que era una leyenda para nosotros los nietos en nuestra niñez.
Resulta que esta mujer por su cuna y linaje, aunque venida a menos por la pérdida de riqueza de su padre, pudo haberse casado con un hombre de posición económica holgada pues tenía muchos pretendientes con "fortuna" decidió casarse con un hombre que no tenía nada que ver con su círculo social. Don Triunfo al parecer era un hombre violento, en su juventud fue alcohólico y era huraño, él se unió a las fuerzas de Venustiano Carranza a la edad de 14 años y tenía varias heridas de guerra, una de ellas era una oreja cercenada por una bala que pasó rozando su cabeza, contaba que le habían matado 10 caballos "cabalgados" refiriendose a que los mataron mientras él los cabalgaba, en fin, esta guerra tal vez deformó su carácter y tenía recurrentes pesadillas que a la recién casada le ponían los nervios de punta pero que luego supo sobrellevar. Este era el hombre, a grandes rasgos, con el que se casó Ludivina a los 23 años de edad y con quien procreó a 8 hijos: mi abuelo Víctor, Pablo, Gerónimo, Graciela y Moraima. Los otros tres murieron antes de nacer.
A la pregunta que alguna vez le hicieron respecto a cuando se había desilusionado de su esposo, la respuesta fue contundente: la misma noche de bodas.
Me cuenta mi abuela que cuando Pablo González se volvió a reunir con el Gral Franciso Murguía, le compró una casa a los recién casados y les dejó 10,000 pesos que en áquellos momentos era una pequeña fortuna, tal vez porque presentía que ya no iba volver. Con este dinero y la venta de la casa, Don triunfo y Doña Ludivina se fueron a vivir a Jimenez, Chih y pusieron una tienda de abarrotes que Don Triunfo, ya retirado del ejército, se encargaba de atender de la peor manera: fiaba a todos y nunca cobraba, se tomaba el sotol de la venta, abría tarfde y cerrqba temprano, hasta que quebraron y con una mano adelante y otra atrás se tuvieron que ir a vivir a Chihuahua a vivir de prestado de la familia de Doña Ludivina quienes tenían una posición económica relevante en dicha ciudad.
Y entonces, sacando toda la casta, Doña Ludivina estudió enfermería y atendía enfermeros particularmente con una eficiencia tal que la buscaban de todas partes y con ello se ganaba el sustento de sus hijos, de ella y de su esposo. Me cuenta mi abuela que en áquellos tiempos se tenía que estar inyectando la penicilina cada 3 horas y que Doña Ludivina tenía que estarse trasladando noche y día con sus pacientes cada 3 horas. Además de eso, en las noches se estaba hasta altas horas tejiendo y bordando para sus parientes ricas. Dice mi abuela Doña Ludivina tenía un callo en el dedo anular de tanto que tejía.
Y entonces me empecé a hacer un cuadro completo de esta mujer que se casó ilusionada y que la misma noche de bodas perdió además de la virginidad la ilusión de su amor, no me quiero ni imaginar que tan terrible pudo haber sido para ella esa noche en especial y luego darse cuenta que su esposo no podía sacar adelante a su familia y que ella tuvo que hacerse cargo en tiempos en los que la mujer solo debía ser ama de casa, que a pesar de todo era una mujer alegre y "valiente" como me dijo mi abuela con su cara más seria. Qué tuvo grandes defectos muchos de ellos producto del tiempo que le tocó vivir, como el ser racista, razón por la cual nunca aceptó a mi abuela por ser morena, que defendía a sus hijos de lo indefendible y que pensaba que la valía de una mujer se centraba en su virginidad y en quedarse al lado del esposo aunque se sufriera vejaciones, golpes, infidelidades por parte de él, tal vez por eso nunca abandonó a su propio esposo con lo cual creo que sufrió innecesariamente. Nunca se divorció pero al parecer decidió dormir en camas separadas a partir de su último y doloroso embarazo a la edad de 28 años!!
Fue una gran mujer que en estos tiempos tal vez hubiera llegado muy lejos pero que le tocó vivir una época en la que la sociedad no le permitió desarrollarse como profesionista, al lado de un hombre que quisiera y que la apoyara, no tuvo las grandes oportunidades que tenemos las mujeres hoy en día. Quien sabe que hubiera podido hacer en estos tiempos la jovencita Ludivina al enfrentarse a un destino como el que le tocó vivir.
No se me puede borrar la imagen de ella bordando y tejiendo a la luz de las velas, luego de pasar un día pesado de cocinar, limpiar, lavar, atender a sus hijos, hasta casi el amanecer mientras sus niños y esposo dormían plácidamente.
Su imagen para mí ha quedado reconstruída como la de una gran mujer como miles que hubo y hay actualmente en el mundo. Ya no es solo un nombre que llama mi atención. Ahora la veo como una mujer de carne y hueso que sufrió, amó a sus hijos por encima de todo, mostró entereza ante la vida e hizo lo que creyó firmemente era su deber.
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Saturday, September 22, 2007
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