Mañana es mi cumpleaños. Y ps nada, que no me emociona, al contrario, es aterrador.
La verdad la cuesta de los años ya me está pesando, ahora resulta que soy capaz de quedarme dormida a medio show de Polo Polo en medio de risas estruendosas. Así fue, ayer fuimos a ver a Polo Polo a Chiras. La salida de tierras delicienses rumbo a la capirucha fue a las 8.30 p.m. El show era en Teatro de los Héroes a las 10.00 p.m. Cuando estabamos formados en la larga fila empecé a sentir los primeros síntomas de sueño, de verdad empecé a extrañar con una nostalgia abrumadora a mi cama y sus cobijas calientitas, en medio de lágrimas irreprimibles por este hecho continué avanzando en la fila hasta llegar a la parte más alta y alejada del escenario que era mi lugar. Comienza el show de este hombre, las risas hacían que se cimbrara el edificio, yo reí condescendientemente durante los dos primeros chistes y luego empecé a cabecear como vil bebé frente a su plato de fideos!! la verguenza me hizo despabilarme un poco, me enderecé y logré enfocar de nuevo al comediante, traté de agarrar el hilo de un chiste que iba por la mitad y entonces de pronto ya estaba soñando. Así es, me dormí. Sí, a pata tirante. Me dormí durante por lo menos 5 chistes. Y tengan en cuenta que los chistes de Polo Polo duran varios minutos. La risa un tanto extraña de la persona de enseguida me hizo despertar con un sobresalto, traté de hacer como que solo estaba descansando los ojos pero el hilo de baba que me colgaba denunciaba mi bajeza. Ví a dos que chuchicheaban en mi dirección con mirada reprobatoria, tragué saliva, medio recompuse mi greñero alboratado y procuré enfocar de nuevo al comediante, todos parecían muy divertidos y yo con los ojos irritados por tratar de mantenerlos abiertos. Empezó entonces una guerra sin cuartel entre Morfeo y yo: que te duermas, que no, que te jetonees, que mira que rico cuando te recuestas en el respaldo, que como chingas que no me voy a dormir, que ándale nomás tantito, shh, que te calles chingado, no me dejas oír el chiste. Y así durante varios minutos. Una pequeña descarga de adrenalina me hizo estar lúcida durante unos 10 minutos: a un idiota se le ocurre preguntarle a Polo Polo que sí le gusta Chihuahua. La respuesta sarcástica de Polo Polo fue encantadora y dejó callado al idiota y (espero con fervor) minimizado aún más de lo que estaba él solito.
Luego el sueño regresó todavía con más fuerza, mientras los botones de mi saco empezaban a volar por todas direcciones. Pinchi saquito que compré en oferta, salí sin ningún botón de enfrente, todos se perdieron en la inmensidad del Teatro, sabe Dios sí alguien le tocó un botonazo.
Y esta fue la historia durante todo el chou, dormitando en medio de risas y carcajadas, miradas reprobatorias y botonazos. Al fin se terminó el espectáctulo y solo recuerdo dos chistes: el de las moscas comiendo caca y el del gallo gay. Snif. Y por deprimente que parezca, durante el viaje de regreso estuve tan lúcida como si me acabara de levantar. De aquí al asilo la distancia es aterradoramente corta.
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Saturday, February 23, 2008
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